El Espanyol no ha sabido aprovechar los éxitos cosechados en los últimos años: campeón de la Copa 2006, subcampeón de la Copa de la UEFA 2007 e inauguración de un nuevo estadio en 2009.

Sin duda, el nuevo estadio es, junto con la ciudad deportiva de Sant Adriá un gran activo del club que ha devuelto al espanyolismo una casa propia. Sin embargo, el difícil contexto y la incapacidad para optimizar la inversión realizada no sólo no han servido para dar el salto cualitativo esperado, sino que se han convertido en un lastre económico para el club.

Todo lo que el Espanyol creció a nivel social, patrimonial o de base, no ha ido acompañado de una estructura sólida y profesional que permitiera afianzar los éxitos y prevenir los fracasos. Empujados por un contexto al que no sabemos hacer frente, todo ha ido a peor de nuevo: la masa social decrece, la deuda se ha disparado alarmantemente, los presupuestos vuelven a decrecer, las aspiraciones deportivas nunca pasaron de la permanencia y el fútbol base y femenino, otrora emblemas del club, fueron complemente arrasados, estando actualmente en periodo de reconstrucción.

Hemos vuelto al punto de partida previo a la venta de Sarrià en un contexto disruptivo en el que no avanzar significa retroceder.

Presente

En la franja del 8º-12º a nivel presupuestario y con una clara tendencia decreciente en sus aspiraciones, que objetivamente no van más allá de la permanencia y la supervivencia institucional año a año, el Espanyol es un club de clase media baja que, tras más de 20 temporadas consecutivas en Primera, está más próximo a seguir los pasos del Real Mallorca o Deportivo de la Coruña que los del Atlético de Madrid.

El club vive un momento de decaimiento ante el fracasado intento de dar un salto de calidad y situarse como uno de los clubes punteros de la Liga. Todo va a menos y el club se cierra sobre sí mismo: la aspiración es decrecer lo menos posible (asumiendo que vamos a seguir empequeñeciéndonos).

Atenazados por deudas insostenibles y la ausencia de un plan para revertir la situación, se han instalado en el ambiente una sensación generalizada de hartazgo, agotamiento y una cierta resignación producto de ese cortoplacismo gris al que se ha visto reducida la entidad. Un sentimiento que podría sintetizarse en “esto es lo que hay”.

El contexto social, plagado de sinsabores, penaliza a los equipos que, atenazados por la falta de recursos, se limitan a la resistencia y el sufrimiento. Equipos, que como el nuestro, no son capaces de alimentar con sueños y esperanzas sentimientos cada vez más difíciles de legar.

Futuro

Tanto por su propia realidad, como por el contexto, el Espanyol afronta un momento clave en su devenir. El panorama que tiene ante sí el mundo del fútbol convierte las decisiones que se tomen (o no se tomen) hoy en la clave del camino que afrontará cada club en el medio y largo plazo: la clase media de los clubes desaparece. No crecer es decrecer.

Para el Espanyol, como para el resto de clubes de clase media-baja (casi todos), el crecimiento no es una opción: es la única opción para subirse a un tren que es posible que no vuelva a pasar. Y la única oportunidad real de crecimiento sostenible, independiente del panorama accionarial del club, pasa por una gestión óptima de los recursos actuales y por la generación de nuevas oportunidades.

Seguir la tendencia de decrecimiento actual nos condena irremisiblemente a formar parte de una nueva clase de clubes locales de tamaño pequeño, que aspirarán a decrecer lo mínimo posible, sin ninguna opción de competir con los grandes (y lo de no competir, puede que sea algo literal, ya que la desigualdad puede empujar a la creación de nuevas competiciones transnacionales basadas en el nivel de sus miembros).

Subirse a ese tren pasa para el Espanyol por el refuerzo de una identidad sólida y reconocible avalada por una forma de hacer impecable, pasa por un relato que articule nuestro mensaje, por ser líderes en creatividad y capacidad de innovación; y pasa sobre todo por una rotura con el histórico modelo cerrado de gestión. En estos momentos cambiar no es una opción para el Espanyol: es una obligación; y el cambio que debe afrontar es profundo, empezando por el propio concepto de club.

El Espanyol necesita un proyecto que permita revertir la tendencia de decrecimiento actual y le lleve a aprovechar todas las opciones que podría generar a nivel social, de marketing y comunicación, económico o deportivo. 113 años de historia, raíz en una de las ciudades con más proyección del mundo como es Barcelona y presencia en la “gran Barcelona” que ejemplifican las localidades de Cornellà y Sant Adrià; es un buen escenario para convencerse de que el necesario crecimiento no es una utopía.

El Espanyol cuenta con una masa social activa, fiel, luchadora y en la que se condensa un gran talento y capacidad de creación. Esa inteligencia y energía colectiva supone hoy el principal elemento en el que sustentar el cambio que necesita afrontar la entidad para realizar un necesario y viable salto de calidad. Para llegar a ser tan grande, en forma y fondo, como pueda llegar a ser.